Guía práctica · Derecho penitenciario
Cuando un familiar entra en prisión: guía práctica para la familia
Tu familiar acaba de ingresar en prisión y nadie te explica qué hacer. Esta guía recorre, paso a paso, todo lo que la familia necesita saber los primeros días — escrita desde la práctica real, no desde los folletos.
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1. Las primeras 72 horas
Resumen: la entrada suele ser por sorpresa — prisión provisional o una orden de busca y captura. No está incomunicado: podrá llamar y recibir visitas. Lo primero: saber en qué centro está y anotar su NIS.
La entrada en prisión casi nunca avisa. O el juzgado acuerda prisión provisional tras la detención, o existía una orden de busca y captura — a veces por una condena antigua — y la detención llega en un control, en el aeropuerto, en casa. La familia se entera de golpe, y las primeras horas son de desconcierto: ¿dónde está?, ¿puede llamar?, ¿qué hacemos?
Lo esencial: no está incomunicado (la incomunicación es excepcionalísima). En los primeros días podrá llamar, recibir la visita de su abogado sin restricciones y organizar las comunicaciones con vosotros. Vuestras tres primeras gestiones: confirmar en qué centro penitenciario está, anotar su número NIS en cuanto lo tengáis, y no firmar ni declarar nada sin hablar antes con la defensa.
2. El NIS: el número que lo abre todo
Resumen: es el número de identificación del interno. Apuntadlo el primer día: os lo pedirán para el dinero, las visitas y los teléfonos.
El NIS es el número de identificación del interno en el sistema penitenciario. Lo necesitaréis para casi todo: ingresar dinero en su peculio, reservar visitas por internet, recargar el teléfono. Sin el NIS, la mayoría de gestiones se atascan. Pedídselo a él en la primera llamada o al abogado.
3. Hablar con él: llamadas y teléfono
Resumen: él comunica una lista de números autorizados (en torno a diez). El primer mes, como regla, puede llamar sin más trámite; después harán falta las facturas de teléfono. La cabina se recarga online.
El interno comunica al centro una lista limitada de números autorizados — en torno a diez, incluido el del abogado. Durante el primer mes, como regla general, puede llamarlos sin más trámite; pasado ese mes, el centro exige acreditar la titularidad de cada número, normalmente con la factura del teléfono. Consejo de práctica: id pidiendo esas facturas a vuestra compañía desde la primera semana — es el trámite que más llamadas corta en el mes dos.
El saldo de las cabinas se recarga online — en muchos centros a través de la plataforma MyTelio, aunque conviene confirmarlo con el centro concreto — usando el NIS y desde un número autorizado.
4. El dinero: peculio y economato
Resumen: dentro no circula efectivo. El dinero se ingresa en su peculio — una cuenta interna — y con él compra en el economato y recarga el teléfono.
En prisión no se maneja efectivo. Cada interno tiene un peculio: una especie de cuenta-monedero interna. La familia ingresa dinero (con el NIS), y con ese saldo él compra en el economato — el pequeño supermercado del centro: tabaco, alimentos, productos de higiene — y recarga la cabina. Los primeros días suele necesitar más de lo que se piensa: entra sin nada.
5. Visitarlo
Resumen: hay comunicaciones ordinarias semanales y vis-a-vis periódicos. La cita se reserva por internet con el NIS y hay que acreditar el vínculo.
Las visitas se reservan por internet en la página de Instituciones Penitenciarias, con el NIS y los datos de los visitantes. Hay comunicaciones ordinarias (por cristal, semanales) y comunicaciones especiales o vis-a-vis (familiares e íntimos, periódicos, sin cristal). Los familiares acreditan el vínculo con el libro de familia o documentación equivalente; los allegados sin parentesco necesitan que el interno los proponga. Llevad siempre el documento de identidad — sin él no se entra —, llegad con margen y consultad las normas del centro concreto sobre qué se puede entregar.
6. Sus pertenencias
Resumen: lo que llevaba encima quedó custodiado por el centro. Para recuperarlo, él debe hacer una instancia autorizando a una persona concreta.
Las llaves de casa, el móvil, la cartera: todo lo que llevaba encima al ingresar queda custodiado por el centro, y la familia no puede simplemente ir a pedirlo. El camino: el propio interno rellena una instancia indicando qué objeto entrega y qué persona concreta autoriza a recogerlo — a ser posible con su número de DNI. Tramitada la instancia, la persona autorizada acude con su documento y lo retira. Parece menor, hasta que lo que está dentro son las llaves del coche.
7. Acercarlo a casa: el traslado
Resumen: se puede pedir traslado a un centro más cercano por arraigo familiar. Lo decide Instituciones Penitenciarias (con el juzgado, si es preventivo) y tarda meses: conviene pedirlo pronto.
Si el centro queda lejos, se puede solicitar el traslado por vinculación familiar: el interno presenta la instancia y la familia la refuerza acreditando la distancia, los viajes y las circunstancias (hijos menores, salud, trabajo). Si está penado, decide Instituciones Penitenciarias; si está preventivo, hace falta además el visto bueno del juzgado de la causa. Los tiempos reales se miden en meses — por eso conviene pedirlo pronto y bien fundamentado, no esperar.
8. Y ahora, ¿cuánto? Grados, permisos y salidas
Resumen: el sistema es de etapas — clasificación, permisos desde la cuarta parte, tercer grado, libertad condicional. Cada denegación se puede recurrir.
Si hay condena firme, en unos dos meses llega la clasificación en grado (lo normal, el segundo: régimen ordinario). Los permisos ordinarios pueden pedirse cumplida la cuarta parte de la condena con buena conducta — los primeros son los más difíciles; luego se encadenan. El tercer grado (semilibertad) llega cuando la evolución lo avala, y en penas largas puede exigir la mitad cumplida. La libertad condicional es la última etapa. Cada denegación — de permiso, de grado — se recurre ante el Juez de Vigilancia Penitenciaria, y ahí se gana mucho más de lo que la gente cree. Si está preventivo, lo que procede es otra cosa: revisar y recurrir la prisión provisional.
9. Qué hago yo en todo esto
Resumen: la defensa no se acaba en la sentencia. Acompaño al interno y a la familia en todo el recorrido — en vuestro idioma.
Mi trabajo no termina con el juicio: sigo al lado del cliente dentro — visitas al centro, instancias, permisos, grados, recursos ante el Juez de Vigilancia (derecho penitenciario) — y al lado de la familia fuera, guiándoos en cada gestión de esta guía desde el primer día. En español, rumano, ruso o inglés directamente conmigo; en el despacho también atendemos en albanés y chino.
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